RAZONES DE PESO PARA NO ABRIR UNA BOLSA DE PATATAS FRITAS (IV)

Continuamos con la serie de artículos dedicados a desglosar los muchos motivos por los que determinados productos, englobados en la denominación “comida rápida” o “comida basura”, no debe pasar de ser de consumo muy ocasional. Además repasamos algunas de las pequeñas trampas de la publicidad que nos pueden llevar a comer algo distinto a lo que pensamos. Quisieramos dejar claro que no es nuestra intención demonizar las patatas fritas, simplemente nos sirven como ejemplo  extrapolable a otros muchos productos de consumo similares y tan frecuentes en nuestro día a día. Hoy valoramos el calidad de las grasas que contienen.

Casi la totalidad de aperitivos salados contiene entre sus ingredientes algún tipo de aceite u otras grasas, y lógicamente en las patatas fritas es un ingrediente básico. Al margen de las calorías que puedan contener por ello, hay significativas diferencias en la calidad dependiendo del tipo de grasa que se haya utilizado en su elaboración.

 De forma resumida, lo que diferencia los tipos de grasa es la proporción de ácidos grasos saturados e insaturados que la componen . Tienen un perfil más saludable aquellas grasas con mayor proporción de  acidos grasos insaturados.

La grasa saturada es abundante por naturaleza en los alimentos de origen animal, como mantequilla, manteca y tocino, nata, mayonesa, grasa de la carne y aves, queso y lácteos enteros . Pero también está muy presente en dos tipos de aceites de origen vegetal: los aceites  de coco y de palma. Justamente estos dos últimos son de uso muy frecuente en la elaboración industrial de aperitivos dulces y salados y bollería, básicamente por su menor coste.

Estas fuentes de grasa saturada contribuyen a elevar los niveles de colesterol en  sangre, promoviendo una disminución del colesterol “bueno” (HDL) y subiendo el nivel de colesterol “malo” (LDL)

La grasa insaturada se encuentra principalmente en alimentos de origen vegetal, como aceite de oliva y semillas (girasol, maíz, soja), muchos frutos secos y, dentro de los alimentos de origen animal, en los pescados azules (sardina, boquerón, salmón,etc ). Las grasas insaturadas, llamadas “grasas buenas”, contribuyen a la reducción del colesterol en sangre, de ahí que se les considere “cardiosaludables”.


Existen además las grasas hidrogenadas, que son aceites vegetales líquidos sometidos a un proceso químico que les da consistencia sólida. Este tipo de grasas, a pesar de su origen vegetal, debido al tratamiento físico-químico que han sufrido, en nuestro organismo se comportan como “grasa mala” por el aumento en su estructura química de enlaces trans, y se emplean abundantemente, al igual que el aceite de palma, en la elaboración de aperitivos salados.

Debemos tener claro que cuando un fabricante no identifica la grasa que usa (aceite de oliva, girasol, soja, mantequilla, etc.), lo habitual es que esté utilizando una poco saludable, como la grasa saturada (aceite de palma o coco) o grasas hidrogenadas.  Echando un vistazo a la etiqueta de cualquiera de los productos que tenemos en la despensa, comprobaremos que los términos “grasa vegetal”  o “grasa vegetal parcialmente hidrogenada” estan presentes en la gran mayoria de productos procesados. Es al fín y al cabo “grasa mala” que a diario incorporamos en la dieta. Por ello es necesario utilizar en la medida de lo posible, productos no elaborados, y que aquellos que adquiramos estén compuestos por las grasas que hemos identificado como saludables. Así pues, es preferible seleccionar aquellos aperitivos que están elaborados con aceites de oliva, girasol, soja u otras semillas identificadas.

Desde la Clínica del Dr. Luis Almagro en Marbella, le recordamos que los niveles altos de colesterol en sangre son determinantes en el desarrollo de enfermedades como la diabetes y la arteriosclerosis.

RAZONES DE PESO PARA NO ABRIR UNA BOLSA DE PATATAS FRITAS (III)

Continuamos con la serie de artículos dedicados a desglosar los muchos motivos por los que determinados productos, englobados en la denominación “comida rápida” o “comida basura”, no debe pasar de ser de consumo muy ocasional. Además repasamos algunas de las pequeñas trampas de la publicidad que nos pueden llevar a comer algo distinto a lo que pensamos. Quisieramos dejar claro que no es nuestra intención demonizar las patatas fritas, simplemente nos sirven como ejemplo  extrapolable a otros muchos productos de consumo similares y tan frecuentes en nuestro día a día. Hoy valoramos el origen de las calorías que aportan.

Remitiéndonos al cuadro de información nutricional que se ofrece en una bolsa de patatas fritas  podemos leer los siguientes datos por cada 100 grs. de producto:

  •  Aportan 535 kcal(calorias).
  •  6.5 grs son proteína
  • 48 grs. son hidratos de carbono
  • 35 grs. son grasa

Las calorías que aporta un alimento provienen precisamente de estas tres fuentes: proteínas, hidratos de carbono y grasa.  Cada gramo de hidrato de carbono o de proteína aporta unas 4 calorías, pero un gramo de grasa aporta unas 9 calorías.  Si hacemos las multiplicaciones correspondientes veremos de el origen de las 535 calorias:

  • 6.5 grs. x  4 cal/gr = 26 calorias
  • 48 grs x 4 cal/gr = 192 calorias
  • 35 grs. x 9 cal/gr = 315 cal

Es decir, de 535 calorías, 315 provienen de la grasa (el 59%), 192 (el 36%) provienen de hidratos de carbono, y 26 (el 4.8%)  de las proteínas.

Si comparamos con las recomendaciones de una dieta equilibrada, que indican un reparto del origen de las calorías del 25-30%  de las grasas, 55-6o%  de hidratos de carbono y 15% de proteínas, entenderemos que el equilibrio nutricional de este aperitivo está claramente disbalanceado hacia el exceso de grasa.

Dicho de otro modo, cuando comemos patatas fritas, no estamos aportando calorias básicamente de la patata,que contiene mayoritariamente hidratos de carbono, sino de las grasas en las que están fritas. Y si, al fin y al cabo, “somos lo que comemos”…saquen conclusiones.

RAZONES DE PESO PARA NO ABRIR UNA BOLSA DE PATATAS FRITAS (II)

Continuamos con la serie de artículos dedicados a desglosar los muchos motivos por los que determinados productos, englobados en la denominación “comida rápida” o “comida basura”, no debe pasar de ser de consumo muy ocasional. Además repasamos algunas de las pequeñas trampas de la publicidad que nos pueden llevar a comer algo distinto a lo que pensamos. Quisieramos dejar claro que no es nuestra intención demonizar las patatas fritas, simplemente nos sirven como ejemplo  extrapolable a otros muchos productos de consumo similares y tan frecuentes en nuestro día a día. Hoy valoramos el contenido calórico.

La mayoría de aperitivos salados de patata tienen un contenido calórico similar. La bolsa de patatas de conocida marca que adquirimos en el supermercado contiene 535 kilocalorias en 1oo gramos de producto, por lo cual el contenido calorico de los 170 grs de patatas fritas que contiene proporcionan 909.5 calorias.  Con esa misma cantidad de calorías podríamos comer un completísimo menú compuesto por: 

 

  • Un plato de macarrones con salsa de tomate,albahaca y aceitunas negras (400 cal)
  • Lomo de atun a la parrilla con guarnicion de patatas, brocoli y tomates asados (350 cal)
  • Una copa de vino de 100 ml (70 cal)
  • Macedonia de fruta fresca con una bola de helado (100 cal)

Las mismas calorias pero una diferencia abismal en variedad, calidad y cantidad de alimento que cabe en esas mismas calorias según sea nuestra elección.

Tengamos en cuenta que una persona adulta joven gasta diariamente de 2000 a 2500 calorias diarias  segun sea mujer u hombre, teniendo en cuenta que para alcanzar ese gasto se presupone un gasto por ejercicio físico moderado de al menos 3o minutos diarios que demasiada gente no cumple.

Pensemos además que normalmente las patatas fritas se toman como un añadido al menú de comida diaria, no en sí como una comida. Encontramos  entonces que sumar  más de 900 calorias a nuestro menú va a crear con mucha probabilidad un excedente calorico que nuestro organismo almacenará siempre en forma de grasa.  Si estos excesos se hacen de forma habitual, es muy fácil que alcancemos un peso demasiado alto.

Por ello, desde la Clínica del Dr. Almagro en Marbella, proponemos que saque sus propias conclusiones y de acuerdo con ellas decida si una bolsa de patatas merece tanto la pena.

RAZONES DE PESO PARA NO ABRIR UNA BOLSA DE PATATAS FRITAS (I)

Comenzamos hoy una serie de artículos dedicados a desglosar los muchos motivos por los que determinados productos, englobados en la denominación “comida rápida” o “comida basura”, no debe pasar de ser de consumo muy ocasional. Además repasamos algunas de las pequeñas trampas de la publicidad que nos pueden llevar a comer algo distinto a lo que pensamos. Quisieramos dejar claro que no es nuestra intención demonizar las patatas fritas, simplemente nos sirven como ejemplo  extrapolable a otros muchos productos de consumo similares y tan frecuentes en nuestro día a día. Comenzamos valorando las raciones.

Nos hemos hecho con una bolsa de patatas fritas adquirida en un supermercado, una más en la extensa oferta de las estanterias de aperitivos. Elegimos una de las marcas más conocidas, variedad “al punto de sal” y en el único tamaño que pudimos adquirir por ser el formato más usual que se ofrece en los supermercados. La bolsa tiene un peso neto de 170 gramos. Si nos entretenemos en leer la información nutricional, nos cuenta que una ración supone el 7% de las calorias diarias estimadas para un adulto, 13% de las grasas y 7% del sodio. No parece exagerado, ¿verdad?. La cuestión de fondo es que una ración no equivale a una bolsa, ni mucho menos. Si leemos detenidamente, resulta que se considera una ración a 25 gramos de patatas fritas, con lo cual la bolsa contiene  casi siete raciones. Dicho de otra forma, el contenido de patatas fritas de una bolsa nos daría para abastecer a  siete personas de su ración. Pero es bastante probable que conozcan a alguien que es capaz de consumir una bolsa entera mientras ve la televisión , por ejemplo. Y es que el tipo de sabor que tienen los aperitivos invita a seguir comiendo, abren el apetito. De hecho, el propio nombre, “aperitivo” proviene del latin “aperit” y significa “abrir”. Y que la bolsa contenga una cantidad tan alta de raciones sigue la tendencia de los últimos años de las llamadas raciones XXL, gran cantidad a precio  muy asequible, que ha hecho con los años que se considere  tamaño “mini” lo que en realidad es una ración normal. Piensen si no en los tamaños de la bolsa de palomitas que nos ofrecen en los cines: el tamaño grande, daría para proveer de una ración de palomitas a toda una fila de la sala.

 

El exceso de raciones es una de las claves del desequilibrio alimentario, incluso cuando comemos productos saludables, más aún cuando se trata de alimentos poco interesantes desde el punto de vista de la calidad nutricional. Esta tendencia importada del consumo de grandes raciones de comida poco saludable, de la que hasta poco es demasiado, se une a nuestra cultura de menús exagerados en la vida diaria: se considera normal consumir un primer plato de guiso contundente, seguido de carne o pescado con guarnición, acompañado de gran cantidad de pan y rematado por un postre. Es demasiada cantidad, tanta comida no es necesaria ni sana.

Tenemos acceso a mucha más comida de la que necesitamos para funcionar adecuadamente y gozar de buena salud. Desde la Clínica del Dr. Luis Almagro en Marbella les planteamos que dependemos de la propia decisión, basada en el conocimiento, de qué, cuánto y cuándo comemos.  Una decisión que conlleva asumir sus consecuencias: las decisiones de cada día  nos llevarán a disfrutar sus beneficios a medio y largo plazo, o bien a sumarnos a la creciente estadística de prevalencia de la obesidad, la diabetes y las alteraciones cardiovasculares que, no olvidemos, son el principal motivo de muerte y morbilidad (pérdida en la calidad de vida por enfermedad) en adultos a día de hoy.

APRENDER A COMER:DIETA Y CONTROL DE IMPULSOS

Si resumimos, perder peso y mantenerlo  es cuestión de contar calorías para no exceder el gasto;  de saber que hay que comer a diario frutas y verduras, de controlar el tamaño de las raciones. Pero hay mucho más.

Uno se debate entre prescindir de esa apetitosa ración de patatas fritas de guarnición que le han servido o darse el gusto de saborearla. Total, por un día…

También, cuando está viendo en la televisión jugar a su equipo favorito o siguiendo una película, lleva asociado de forma casi automática estar comiendo algún aperitivo.

 O hay a quien le sucede que, cuando llega la noche, tras cenar, y cuando toda la casa está en orden y silencio, lo que más le apetece en el mundo es tomar un colacao con galletas, en parte para premiarse por un día agotador.

También ocurre que estar a dieta es sacrificado y los resultados no son inmediatos, pero sí es inmediato el placer de saborear un bombón (los inconvenientes llegan más tarde). Y nuestra mente entiende mucho mejor de recompensas cercanas.

Otras veces es el comer por aburrimiento: “por la mañana mientras trabajo ni me acuerdo de la comida, pero por la tarde mientras estoy en casa, no paro de pensar en qué comer”. En el fondo, por hacer algo.

Y en ocasiones nos asaltan ideas insistentes que nos llevan a repetir los mismos errores aunque luego nos arrepintamos: aún sabiendo que la bolsa de patatas fritas nos va a arruinar la pérdida de peso, parece que nos atrae hacia la despensa. Y ya que hemos pecado, tras sentirnos culpables, seguimos con los pistachos.

Hay quien necesitaría de un día con más de veinticuatro horas y no alcanza a planificar las comidas, de modo que al llegar hambriento engulle lo primero que pilla.

Otras veces “el cuerpo me pide dulce”.

Y aunque todos sabemos de lo sano que es el ejercicio, resulta que llevamos pagadas dos mensualidades del gimnasio y no hemos ido más de cuatro veces, y eso en la primera quincena.

Comemos para calmar la  ansiedad, por hábitos sociales, por costumbre, por aburrimiento… y repetimos patrones de comportamiento equivocados o respondemos a impulsos sin racionalizarlos, y la consecuencia es que no conseguimos nuestras metas, ni nos sentimos bien con nosotros mismos. Estamos contraviniendo esas normas tan básicas y aparentemente sencillas que  enumeraba al principio, esas del comer sano. 

Parece claro que no  es tan fácil  perder peso y mantenerlo. Porque además de comer una u otra cosa, es necesario reprogramar nuestros patrones de conducta, variar algunos hábitos y aprender a manejar nuestros impulsos. Y estar convencidos de querer hacer esos cambios.

En la Clinica del Doctor Luis Almagro en Marbella, buscamos poner a disposición de nuestros pacientes todas las herramientas necesarias y  útiles para conseguir los mejores resultados. Con esa idea apostamos por ofrecer a partir de noviembre   un Taller de autocontrol del impulso alimentario, impartido por un psicólogo clínico experto. El temario está agrupado en tres sesiones independientes que pretenden dar respuesta e instrumentos de mejora a los pacientes que lo necesiten. Creemos en la utilidad de su contenido, enfocado en forma de taller para evidenciar su aplicación práctica a situaciones personales concretas, y pensamos que esa utilidad trasciende el objetivo de la pérdida de peso al ser aplicable a muchos otros ámbitos de la vida. 

 

Adelgazar sin esfuerzo

“Adelgazar sin esfuerzo”, “adelgazar sin pasar hambre”, “coma todo lo que quiera y adelgace”. ¿Cuántas veces habrá oído o leído estas frases?. Seguramente muchas, pués son un eslogan publicitario y una de las funciones de la publicidad es repetir una y otra vez un mensaje para crear una demanda o necesidad.

 

En este caso a fuerza de repetirlo han conseguido hacer creer que es posible perder peso sin pasar hambre, hacer ejercicio sin sudar o aprender inglés sin esfuerzo. Han conseguido que las personas demanden tratamientos de pérdida de peso sin esfuerzo. De hecho muchas de las personas que lean estas líneas, habrán introducido ese mensaje en su buscador de internet.

 

Pero, aún cuando lo busquemos, ¿creemos realmente que esto es posible?. Y si esto fuera así,  ¿por que, entonces  hay obesos o personas con sobrepeso?, porque podemos garantizar que un porcentaje elevadísimo de ellos no quieren serlo.

 

El sobrepeso o la obesidad consisten en  una elevación de los depósitos de grasa corporal por encima de los valores recomendados, e independientemente de las características genéticas y hereditarias de cada individuo, que está claro que influyen, para que los depósitos de grasa aumenten,  es necesario que durante un período de tiempo determinado el aporte de energía, generalmente procedente de los alimentos, sea superior al gasto que tenga ese individuo durante ese período de tiempo. No solo es una cuestión de gasto, sin aporte energético excesivo no hay incremento de grasa.

 

Por tanto para reducir esos depósitos tenemos que invertir los términos, gastar más que lo que aportamos, es decir obligar al organismo a utilizar sus reservas energéticas al no tener bastante con lo que ingiere. Porque,  si ingerimos tanto como necesitamos, ¿Para que vamos a utilizar las reservas?

 

Estamos habituados a comer mucho más de lo que necesitamos y además nos hemos acostumbrado a no privarnos de un capricho cada vez que nos apetece, es más tratamos de justificarlo:  “el cuerpo me pide chocolate”. Lo convertimos en una “necesidad”, pero ¿realmente lo es?. Hemos convertido en un hábito los excesos, ¿acaso es normal comprar un juguete a un niño cada vez que lo pide?. Es absolutamente necesario reconducir la situación.

 

Aquí es donde comienza el esfuerzo. Lo primero es asumir, desde un punto de vista razonable y de responsabilidad que no podemos comer lo que queramos, en la cantidad que queramos y cada vez que queramos, y que además no todos somos iguales. Algo así como que no siempre podemos gastar todo el dinero que queremos, sino en función del sueldo de cada uno, igual que no podemos ir con el coche a la velocidad que queramos:  debe haber unas normas y unos límites.

 

Si queremos cambiar la situación habrá que acostumbrar al organismo a comer habitualmente lo que realmente necesita y ocasionalmente poder darnos algún capricho o exceso. Es decir diferenciar lo habitual, de lo ocasional. Esto requiere un proceso de entrenamiento, que en la clínica Dr. Luis Almagro estamos capacitados para mostrarle, durante el cual el esfuerzo es mayor, pero pasadas un par de semanas las sensaciones son completamente diferentes y el esfuerzo se convierte en rutina.

 

 

 

RETENCIÓN DE LÍQUIDOS: EL LÍQUIDO NO ES EL PROBLEMA

Muy a menudo, al pasar consulta, oímos repetidamente una frase de la boca de los pacientes -casi siempre una mujer- que nos cuenta: “Es que yo retengo mucho líquido”. Bien, pues la tecnología nos permite, mediante una báscula de bioimpedancia -como las que usamos en la Clínica del doctor Luis Almagro-medir de forma muy precisa, además del peso, la cantidad total y porcentaje de agua que contiene la persona pesada. Y resulta que, hasta la fecha, no hemos encontrado a nadie entre quienes dicen retener líquido que tenga una cantidad de agua por encima de la que se considera saludable. Sin embargo, muy a menudo vemos en esos pacientes un porcentaje de grasa muy por encima del óptimo de acuerdo con su edad y sexo.

Esto nos da qué pensar, y sospechamos que detrás de todas esas ideas equivocadas están el desconocimiento general y la invasión de mensajes publicitarios al respecto que sólo buscan vender un producto,  o  el inadecuado consejo de tantos pseudoprofesionales que sacan partido económico de promover estas ideas. Por eso nos parece necesario revisar la  cuestión de la retención de líquidos.

Veamos de forma resumida cuáles son las principales causas de retención hídrica:

  • Insuficiencia de órganos vitales: principalmente corazón, riñón e hígado.
  • Insuficiencia circulatoria linfatica, también en el contexto de enfermedades o tras tratamientos agresivos (ej. extirpacion de ganglios de la axila  en el  cáncer de mama)
  • Obesidad: las células grasas, especialmente las que se depositan en los organos del tronco, tiene receptores hormonales que alteran el normal equilibrio del organismo, de manera que a la larga se propicia la elevación de insulina y de forma secundaria la elevación de sodio. 
  • Situaciones fisiológicas: el embarazo es la más significativa.También en la fase del ciclo menstrual previa a la regla, y aunque no todas las mujeres notan grandes cambios, en algunas es más acusado, pero en todo caso no va mucho más allá de 1-1.5 kg.
  • Falta de actividad física: la contracción de los músculos cercanos es el mecanismo del que disponen las venas y el sistema linfático para hacer retornar la sangre desde el dedo gordo del pie hasta el corazón. A cada paso, los músculos se contraen y exprimen las venas para impulsar su contenido un poco más arriba. Esto no sucede si somos sedentarios.
  • Fármacos: tratamientos prolongados con corticoides, tratamientos hormonales a dosis altas, etc.
  • Elevado consumo de sal: la sal común contiene sodio,y éste arrastra consigo agua (”el agua sigue a la sal como la sombra al cuerpo“). Hay que tener en cuenta que además de la sal que usamos para condimentar, se suma la sal presente en casi todas las conservas y multitud de productos elaborados (precocinados, aperitivos, pan, pastillas de caldo, salsas, etc)
  • Ingesta insuficiente de agua: Dado que el agua es un elemento imprescindible para el correcto funcionamiento del organismo, éste posee unos sistemas de detección que le permiten saber cuánta agua contenemos, y si estamos en niveles bajos, activa un mecanismo por el cual el riñón segrega la hormona antidiurética (ADH), que hace disminuir el volumen de orina para ahorrar todo el líquido posible. Esto explica que las personas que realmente  beben poco tengan la percepción de que “orinan poco para lo que beben”, muchas veces porque también dejan de tener en cuenta el agua que se pierde mediante otros mecanismos, como el sudor.
  • Otros factores externos: mantener una postura estática de forma prolongada (estar de pie o sentado), usar ropa ajustada que dificulte la circulacion, el calor ambiental,   etc.

En cualquiera de los ejemplos señalados, y salvando las enfermedades graves mencionadas en primer lugar , algunos tratamientos farmacológicos agresivos o  el embarazo, el aumento de líquido en cualquiera de los demás  casos no supera 1-2 kg, cuando normalmente los pacientes que llegan a nosotros con esta queja tiene muchos kilos más de sobra, pero son kilos de grasa, y no de líquido. De hecho, una vez que pierden peso, podemos comprobar mediante la bioimpedancia cómo el agua ha disminuido levemente si acaso, pero lo que determina que hayan adelgazado es la gran diferencia en los kilos de grasa respecto al inicio.

 Una vez aclarado este aspecto, ¿cómo podemos minimizar las consecuencias de las situaciones antes descritas?

  • Aporte adecuado diario de agua: debemos consumir alrededor de 2 litros de líquido al día, del que la mayor parte debe ser agua libre, completando el resto con otras bebidas y contenido en agua de los alimentos. Las necesidades de agua se incrementan en épocas de calor o con el ejercicio fisico prolongado.
  • No deben faltar en nuestra dieta diaria alimentos reguladores como verduras, hortalizas y frutas, ricos en agua, fibra, vitaminas y minerales que contribuyen al normal equilibrio de iones.
  • Consumo moderado de sal. El consumo medio europeo (y España está en puestos de cabeza) es casi tres veces mayor del adecuado: de 8 a 11 grs. diarios de sal respecto a los 3-4 grs. necesarios. Recordemos que el exceso de sal favorece la hipertensión arterial además de la retención de líquido.
  • Actividad física diaria: caminar, nadar, desplazarse en bicicleta… todo vale con tal de que se mueva.
  • Mantener un porcentaje graso adecuado a nuestra edad.
  • Uso de medias de compresion decreciente en personas que pasan muchas horas en posición estática ( camareros, peluqueras, enfermeras, comerciantes…). También ayuda el permanecer unos minutos tumbado con las piernas en alto o aplicar agua fría a presión en sentido ascendente desde los tobillos.
  • Masajes de drenaje linfático, tanto manual como mediante aparatos de presoterapia.
  • Consumo de alimentos con propiedades diuréticas naturales: verduras y hortalizas como la endivia, el espárrago o el calabacín; frutas ricas en potasio, como el kiwi, melón, albaricoques, nectarinas o piña.

Respecto a las infusiones diuréticas, como el diente de león, cola de caballo, ortosifón o pilosela, desde la Clínica del doctor Luis Almagro queremos recordar que son fármacos de fitoterapia, por muy naturales que nos resulten al ser hierbas. Se pueden consumir a pequeñas dosis o de forma puntual y nunca sin consultar a su médico en caso de estar tomando otras medicaciones, especialmente si tiene alguna enfermedad renal o cardiovascular.

Por último, está del todo contraindicado el uso de fármacos diuréticos sin control médico, pues además del riesgo de deshidratación y otras consecuencias graves sobre su salud (arritmias, calambres…), como hemos dejado claro anteriormente, no sirven para adelgazar, por no tener efecto sobre la grasa. Recuerde: adelgazar es disminuir grasa corporal.

 

 

 

¿SIRVE CAMINAR COMO EJERCICIO?

Caminar es una actividad física asociada de forma natural al transcurso cotidiano de la vida diaria, si bien es cierto  que las muchas comodidades de que disponemos(vehiculos para desplazamientos,ascensor…) o el tipo de trabajo y jornada laboral, condicionan  para muchos el que los pasos caminados al día sean pocos. Una manera fácil y asequible de cuantificar el número de pasos es utilizar un podómetro, pequeño aparato que se coloca en la cintura y va contabilizando las veces  que nuestra cadera bascula al caminar. Para que caminar pueda ser considerado un ejercicio físico que mejore nuestro estado de forma cardiovascular y porcentaje graso, es necesario que cumpla con dos requisitos: que el ritmo de paseo alcance una intensidad moderada, y que las sesiones se practiquen con regularidad.

¿Cuánto es una intensidad moderada? La suficiente como para dar cien pasos por minuto. No nos vale el ritmo de mirar escaparates. Es fácil de calcular con el uso del podómetro: tendriamos que dar  3000 pasos en 30 minutos de caminata. Si es demasiado exigente para su estado de forma, puede comenzar con hacer 1000 pasos en 10 minutos y poco a poco ir aumentando el tiempo.

 Desde la Clínica del Dr. Luis Almagro subrayamos la importancia de asociar ejercicio físico a la dieta para optimizar sus resultados y ganar en salud. Puede que el nivel de esfuerzo propuesto le parezca alto para su estado de forma, pero póngase a prueba y comprobará los progresos: su cuerpo está diseñado para moverse. Además, parafraseando al  brillante catedrático de Fisiología D. Jose Enrique Campillo, ”No se trata de que el ejercicio sea bueno para la salud, es que el sedentarismo constituye una enfermedad carencial” . Piense en ello mientras camina a cien pasos por minuto.

Fuente: American Journal of Preventive Medicine, marzo 2009

 

Riesgos en el consumo de “productos milagro”para adelgazar.

Con la llegada del buen tiempo afloran las prisas por querer desprenderse de forma rápida de los kilos de sobra. Internet, las ventas directas a domicilio, y en ocasiones  comercios dedicados a la venta de productos naturales, herboristerias, gimnasios, etc., son la forma de acceso a productos que no cumplen los criterios básicos  que la comunidad científica y el propio sentido común hacen necesarios: que sean eficaces y seguros a la vez. Recientes controles en Reino Unido y EEUU alertan de la presencia de sustancias en estos productos que no vienen reflejadas en la etiqueta, tratándose en ocasiones de sustancias  farmacológicas retiradas del mercado legal por sus importantes efectos adversos.

Otras veces se trata de suplementos alimenticios cuya eficacia y seguridad no ha sido demostrada cientificamente.

Desde la clínica del Dr. Luis Almagro recordamos que adelgazar no es cuestión de milagros y que la única forma demostrada de conseguir bajar peso es consumir menos calorias de las que se gastan. Esta restricción calórica debe estar supervisada por profesionales de la salud y la asociación de fármacos en el programa de pérdida de peso sólo debe estar  autorizada por un  médico, que debe valorar si la situación de salud del paciente lo hace necesario e indicado, basando su criterio en protocolos avalados por la comunidad científica.

Fuente: Consumer.es

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