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INTOLERANCIA A LA LACTOSA

21 septiembre 2020 by Dr. Luis Almagro divider image

El tema de las intolerancias alimentarias está de moda, esto es algo sabido. Bien es verdad que en esto ocurre como con las meigas, que haberlas haylas, pero ni son todas las que están, ni están todas las que son.

Una de las más relevantes es, sin duda, la intolerancia a la lactosa, tanto por su prevalencia real, como por su popularización en los últimos años, fundamentalmente, porque los médicos hemos comenzado a pensar en esta entidad ante determinadas clínicas, esto es, ante determinada sintomatología. También, -es obvio-, por la facilidad de acceso a las pruebas diagnósticas. Asimismo, no podemos dejar de mencionar, y es importante señalarlo, los autodiagnósticos no contrastados adecuadamente.

La intolerancia a la lactosa es un trastorno de intolerancia a un tipo de carbohidrato, la lactosa, que, como es sabido, se encuentra en la leche de vaca, oveja y cabra, y en menor medida en productos derivados de estos. Para que la lactosa sea digerida, es necesario que sea hidrolizada o rota en dos componentes por una enzima llamada lactasa. Si esta enzima no está presente, la lactosa llegará íntegra al sistema digestivo produciendo la sintomatología característica: dolor abdominal, distensión, flatulencia o meteorismo y diarrea.

Existen diferentes tipos de intolerancia a la lactosa determinados por las causas que la producen y el momento de desarrollo en que tiene lugar. De todos ellos, quiero hacer mención explícita a cuatro sobre los que quiero llamar la atención:

  • Uno asociado a la edad, dado que la capacidad de producir lactasa va disminuyendo con esta.
  • El secundario a otra patología, una gastroenteritis, por ejemplo, que da lugar a una intolerancia transitoria
  • El producido por deshabituación del intestino ante la ausencia de lácteos
  • La intolerancia a la lactosa subjetiva: el paciente se considera intolerante sin pruebas objetivas que lo confirmen

La sintomatología de la intolerancia a la lactosa (dolor abdominal, distensión, flatulencia, acidificación de las heces, irritación perianal, diarrea…)  se deriva del proceso producido en el intestino y depende de varios factores tales como como la cantidad de lactosa ingerida y/o mal absorbida, el tipo de lácteo y el consumo simultáneo de comida entre otros. Uno de los problemas que presenta esta entidad es que su sintomatología es común a otras patologías como enfermedad inflamatoria intestinal, sobrecrecimiento bacteriano, infecciones entéricas u otras intolerancias. Es decir, es imprescindible realizar un diagnóstico diferencial.

Realizar un diagnóstico correcto en el momento adecuado es de vital importancia para orientar el tratamiento, puesto que algunas pruebas realizadas en un proceso agudo podrían dar falsos positivos, es decir, presentan la intolerancia a la lactosa durante el proceso, pero no después. Por tanto, el diagnóstico debe hacerse según el cuadro clínico presentado y las pruebas diagnósticas precisas. Últimamente, se han popularizado algunas pruebas, pero es crucial la indicación profesional adecuada para orientar el caso hacia el tratamiento requerido. Los tests genéticos, por ejemplo, no sirven para diagnosticar las intolerancias secundarias.

El tratamiento parece obvio, pero no lo es tanto. La restricción de los productos que contienen lactosa sería lo evidente. No es tan fácil. El problema reside en qué productos está presente la lactosa, en qué proporción y en cuáles, aunque no parezca evidente, debo sospechar su presencia.

Podemos vivir sin lácteos, claro que sí, pero no hay por qué prescindir de ellos como parte de una alimentación saludable y, si bien no son la única fuente de calcio, sí es más fácil tener un buen aporte cuando contamos con ellos como parte de la dieta.

Hay estrategias que mejoran la tolerancia: consumo muy moderado de lácteos que no contengan gran cantidad de lactosa, prolongación de los tiempos de absorción y tránsito intestinal y, finalmente, el uso de enzimas sustitutivas.

En resumen, se trata de un proceso tan presente en nuestro medio y en muchos casos tan mal enfocado, que hemos considerado de utilidad ofrecer un programa de diagnóstico o confirmación del diagnóstico de intolerancia a la lactosa, asesoramiento nutricional y seguimiento, para ayudarles a planificar sus comidas y, en suma, a convivir con su problema o, si fuera posible, a superarlo.

Su salud, nuestra prioridad. Su bienestar, nuestro objetivo.


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Ultima actualización: 21 septiembre 2020 @ 11:34