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Un testimonio impresionante por @APCOPO2

31 octubre 2013 by Dr. Luis Almagro divider image
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Hoy hace 3 meses encontré un polluelo caído de un nido en una calle de la ciudad sin posibilidad de volver a ser colocado en un nido ni en un lugar cercano seguro y lo recogí para intentar sacarlo adelante. A partir de esa decisión impulsiva, prácticamente todo el mundo pareció poner todas sus fuerzas en meterme con palanca en la cabeza que el pajarito en cuestión “estaba muerto ya”, que “no merecía la pena intentarlo”, que “nadie o casi nadie consigue sacar esos polluelos adelante”, que “no merece la pena gastar ni un euro porque, asúmelo, se va a morir FIJO en un par de días o tres, como mucho una semana” Etc etc. Hoy hace 3 meses de eso y, aunque, efectivamente no ha sido fácil sobre todo al principio, tengo un pajarito grande, precioso y muy sano. Al menos hasta hace un rato lo estaba. ¿Milagro? No, esfuerzo, confianza y hacer todo lo posible por conseguir el objetivo previsto. Sin más, y sin menos.

Y esta anécdota que esbozo me ha hecho pensar cuántas, cuantísimas cosas, damos por perdidas sin intentarlas; perdidas así, ya de entrada,  porque parecen difíciles, las estadísticas dicen que son infrecuentes los resultados, o por toda esa presión que hace que una se sienta la tonta del bote ingenua que aún cree en milagros. Pero, paradojas de la vida, todos esos que, cuando algo conlleva un esfuerzo personal importante y/o económico, se erigen en agoreros de la tragedia, ahora, no se sabe por qué, se convierten en firmes defensores del último milagro antigrasa, de la última dieta de moda y utilizan como argumento de “autoridad” el famoso de turno que, no hay más que verlo, demuestra sin duda las bondades de esa novedad que hasta ahora nadie había logrado ni siquiera imaginar.

Pues ni A ni B. Más bien en el medio. Creo que ya nací gordita. Siempre me han sobrado unos kilos, calculo que unos 15/20 de media casi toda mi vida. Y ahí he estado siempre, día a día, lidiando con ellos, lidiando con la comida, lidiando con la cantidad, lidiando conmigo misma… Lucha atroz a veces. A lo largo de mi vida he hecho muchas dietas: de grupos de apoyo, de asociación de alimentos, de pastillitas de origen (quiero creérmelo, pero ya no puedo) vegetal, y bebedizos varios, antidieta ¿? , disociada, proteínica (cuando aún no tenía nombre)…  y casi siempre, más o menos kilos, adelgacé y,  durante periodos más o menos largos, me mantuve en un peso digamos aceptable. Después los kilos volvían y con ellos el malestar y la nueva lucha cada vez más ardua y difícil y desesperanzada. Luego, tras el fallecimiento de mi madre, engordé 50 kilos o más de golpe. Me pareció que había ocurrido en un breve lapso de tiempo. Apenas de un día para otro me miré al espejo y no reconocí la imagen que me devolvía. Es obvio que la educación desde la infancia creando sanos hábitos alimenticios, la potenciación del autocontrol y el orden, la frustración de los impulsos de comer son las bases para que, cuando llegan esos momentos difíciles de la vida, uno no se agarre a la comida/ansiolítico como única tabla de salvación. Comer compulsivamente me parece un acto irracional. No sé si en ello influye la química cerebral o los hábitos asentados durante muchos años, desde la niñez. Intuyo que una combinación de ambos. Cortar esa asociación muy complicado.

Y aquí es donde volvemos al principio. Como parecía complicado, porque lo era, porque lo es, porque lo será siempre, mejor dejarlo, mejor darlo por perdido antes de empezar, mejor buscarse coartadas y excusas de todo tipo con apariencia de realidad, o mejor creerse milagros imposibles, o al menos,  imposibles de mantener. Intenté varias veces hacer dieta y sí, yo “sabía” que no era cuestión de hacer dieta un mes, un año, un lustro, porque al dejarla, todo lo ganado desaparecería rápido. La dieta daba exactamente igual, la de moda en ese momento. Sabía que hay que cambiar hábitos para siempre. Pero lo repetía sin verdadera convicción, solo con apariencia de convicción, quizá a veces, para que me dejaran en paz. Que sí, que ya “sé” lo que hay que hacer. Parecía que me lo creía, pero no. Porque el “saber” no cambia conducta. Hay que ACTUAR. Sin ‘excusas’, sin ‘peros’, sin ‘luegos’, sin ‘solo esta vez’, sin ‘quizás’, sin ‘mañana sin falta’… Hay q actuar aquí y ahora sin dilación. No importa el estado emocional, no importan las ganas. Como vamos cada día al trabajo sin plantearnos nada más. Esta también es una responsabilidad con uno mismo y su salud entre otras cosas. Y asimilar eso de verdad de verdad, como para no solo saberlo y repetirlo como un loro, sino para ponerse manos a la obra con el objetivo al final y sin distracciones de ningún tipo (efecto túnel, que yo lo llamo) es muy muy difícil y lleva mucho tiempo y requiere fuerza, lucha, paciencia y confianza y hasta fe; y cuesta y duele y frustra y cabrea, perdónenme el coloquialismo.

El caso es que hace algo más de un año una amiga me habló de una dieta “normal” sin pastillas, sin  cosas raras y que cómodamente hacía perder peso. Ella había perdido los 12 kilos que al parecer le sobraban. Al principio me negué. No era mi momento. No me sentía con ganas ni fuerzas, no creía poder conseguirlo. En realidad no quería, no estaba dispuesta a trabajar ni a esforzarme ni a renunciar a la compulsión, ni a sentir las ganas de un bocadillo, una pizza o un trozo de chocolate.  Luego no recuerdo por qué ni cómo, me dije: “¿por qué no?. ¿Qué puedo perder? ¿Por qué no gastar algo de dinero, tiempo y esfuerzo en esto? Es mi salud, física y mental. ¿No lo hago con otras cosas menos importantes? Pues, ¡¡venga!! Me sobran muchos kilos, pero si al menos pierdo alguno…” Así que me puse en contacto con la Dra. Teresa Gómez Alonso (Salamanca) y comencé. Y ella me presentó #contuapoyo,  ese magnífico proyecto de TW. A través de las redes conocí la web del Dr. Almagro, las magníficas recetas ricas y ligeras de Mamen Marbella (qué descubrimiento después de años de lechuga y pollo a la plancha!!!!!), magníficos profesionales de la medicina y estupendas personas; un grupo de gente como yo dispuestos a luchar y a mejorar de verdad, sin excusas; y a entenderme y apoyarme. La inestimable ayuda y compromiso, que va más allá del simple desempeño del deber, de nuestros doctores y el continuo apoyo de los compañeros de lucha ha sido decisivo para mí. Hoy estoy en normopeso. Y quiero mantenerlo. Llegué a pesar 120 kilos. Hoy peso 74. ¿Cómo?: con sensatez, luchando cada día contra mis antiguos hábitos, intentando arraigar los nuevos y consciente, ahora sí, de que es una lucha sin tregua y sin fecha de fin. No es fácil, no es difícil (al principio más, pero luego somos animales de rutinas, solo hay que programarnos para la adecuada) pero no, alguien que como yo siempre ha tenido sobrepeso en mayor o menor medida, no puede bajar la guardia. Nunca. Y nunca es nunca.

Lo que he encontrado en #contuapoyo ha sido una mezcla de equilibrio, orden, contención, autocontrol, comprensión, ayuda, apoyo, risas, diversión, recetas riquísimas, fáciles y sanas. El equilibrio ha sido esencial. Equilibrio entre la compresión y la empatía por un lado, y el tirón de orejas y un “NO” tan tan necesario, por el otro. Equilibrio entre legitimar y entender cómo me siento y desarmar una a una mis excusas, con cariño pero con firmeza. GRACIAS. Yo lo he logrado, sí, claro. Yo me he esforzado, claro. Ahora bien, sin vosotros no lo habría conseguido. Es la verdad. Ya no me quedaban fuerzas.

“Vale vale, todo muy abstracto y muy lógico y muy bonito, pero de comer, qué; ¿qué se come en esta dieta?” estarán ustedes pensando. Pues lo resumo brevemente: Comida bien cocinada y rica pero ligera. Poca, la ración justa. Variada, de todo (¡! Sí de todo). A las horas previstas y ajustándose siempre a un horario cada uno acorde a sus necesidades, pero sin caos. Preferentemente vegetales y, en la medida de lo posible, comida que su tatarabuela reconociera como tal, es decir, no a la comida muy procesada. Se puede comer bien, de todo en su justa medida, bien preparado y presentado, rico riquísimo y con orden. Ese es el secreto. Sensatez. Sentido común. Algo que hemos perdido en esta sociedad hiperconsumista. Esto es lo que he aprendido en este año de convivencia virtual en #contuapoyo. ¿Casi nada, verdad? GRACIAS una vez más.

Si de verdad quieren cambiar de hábitos alimenticios comiendo bien, cocinando rico, saludable, sano y, por qué no, bonito, busquen un buen doctor. Uno que se comprometa de verdad y haga el seguimiento imprescindible. Acuda a él con regularidad y únase a la lucha del siglo XXI, este siglo que está lleno de paradojas. Yo, desde luego, pienso seguir haciéndolo y disfrutándolo, porque es, muchas veces, incluso divertido y ha cambiado mi vida. No, no he terminado la dieta. Ahora es cuando empiezo, ahora estoy empezando un camino que no acabará, pero creo que merece la pena. Salud y alegría es el resultado. Merece la pena seguir luchando. Sí.


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