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OBESIDAD INFANTIL Y JUVENIL: Signos de alerta

13 septiembre 2012 by Dr. Luis Almagro divider image
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Es fácil observar alrededor y emitir juicios y valoraciones sobre personas que nos son ajenas. La situación cambia cuando somos observadores de nuestros propios hijos. Entonces, a lo que sería la observación objetiva, sumamos la información previa, los afectos y las expectativas… dándonos a nosotros mismos una visión aliñada de la realidad. Ser conscientes de que un hijo tiene un peso elevado, asumirlo y pasar a la acción para solucionarlo, supone a menudo un proceso largo, en el que vamos buscando explicaciones (“es que aún tiene cuerpo de bebé”, “es que su padre era también así”, “es que ahora no hace nada de ejercicio, pero en verano vamos a la playa y se mueve más”…); a veces apelamos a posibles soluciones mágicas sobrevenidas (cuando dé el estirón adelgazará, cuando vaya creciendo comerá más variado y mejor, el año que viene en el instituto hará más ejercicio…) pero las soluciones mágicas no pasan de nuestra imaginación a la realidad, y el problema sigue estando ahí…aunque a veces no queramos verlo. Todavía parece que las palabras “sobrepeso” y “obesidad” aplicadas a un niño lo estigmatizan, pero es que hemos llegado a que esa es la situación de uno de cada tres niños españoles: están gordos y si no hacemos algo para solucionarlo, estamos comprometiendo su calidad y hasta su esperanza de vida, lo que sería el colmo de la paradoja en un tiempo en que, si algo nos sobra, es información y comida.

Hay dos situaciones que nos deben hacer sonar la alerta, dos momentos en los que, si el peso está elevado, tiene visos de perpetuarse si no hacemos nada para contrarrestarlo.
Hacia los siete años, quedando muy atrás el primer año o fase de lactancia en el que los niños parecen crecer por días, y tras unos años en los que la fisionomía infantil se estabiliza, tiene lugar un aumento de la corpulencia denominado “rebrote graso” y que en algunos niños es muy acusado. El aumento rápido del peso para la talla alrededor de esta edad es un signo de alerta que no nos debe pasar desapercibido. La mayoría de los padres lo asume como una fase más del crecimiento, y a menudo acaban reaccionando un par de años más tarde, cuando se ven buscando traje para la primera comunión de su hijo/a y no encuentran talla en la que quepan.

El rebrote graso acusado es un predictor de obesidad en la vida adulta. Si nuestro hijo llega a los 8 años y su perímetro de cintura es alto o tiene un peso se acerca o alcanza los 40 kilos… es momento de hacer algo. Bien es cierto que posiblemente hay cosas que ya podríamos haber hecho antes, pero estamos a tiempo de reconducir ciertas tendencias y hábitos.

Llegada la pubertad, entre los 11 y 14 años, cuando comienzan a hacerse patentes los caracteres sexuales secundarios (aparición de vello corporal, desarrollo genital y mamario, cambios en la voz, etc), se inicia el periodo de adolescencia. La adolescencia es el otro momento crítico en el pronóstico de obesidad en la vida adulta. Un chico o chica que experimenta estos cambios corporales y mantiene un peso elevado, tiene hasta un 80% de posibilidades de ser un adulto obeso. Es el otro momento en que hay que estar alerta. Bien es cierto que las características propias de la psique adolescente dificultan a veces la intención de ayudar, y en esta fase dependemos en gran parte de la actitud del joven hacia el problema y de su predisposición a hacer algo realista para mejorar su situación. A cambio, cuando consiguen mejoras, éstas resultan un efectivo impulsor de la autoestima y del proceso de maduración de la personalidad (aprenden a hacerse cargo de sí mismos y a responsabilizarse de sus decisiones).

Una vez identificado el problema, tenemos el primer paso dado. Lo siguiente es actuar. Comencemos por aquellas cosas que sabemos que podríamos mejorar pero vamos dejando para más tarde (planificar comidas, actividad física en familia todos los fines de semana y del niño todos los días una hora, sacar de la despensa todos los aperitivos y picoteos, moderar las raciones de comida…) A veces no es fácil y en ocasiones ya hemos hecho mejoras pero no acabamos de ver los resultados. En esos casos, aconsejamos recurrir a la ayuda profesional, que no va a hacer las cosas por nosotros, pero va a resultar una guía, orientación y soporte que pueden marcar realmente la diferencia.

Queridos padres: abran los ojos y si tienen motivo para preocuparse, hagan algo, comiencen con los cambios ya. Aunque hay factores genéticos que condicionan la tendencia al peso alto, los factores determinantes en el desarrollo de la obesidad son ambientales: hábitos de vida (alimentación, actividad física, estilo de vida).

Clínica Dr. Luis Almagro.Marbella. Consejos que te ayudan a adelgazar


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Ultima actualización: 13 septiembre 2012 @ 17:33