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DE REYES, PRINCIPES Y MENDIGOS

19 junio 2012 by Dr. Luis Almagro divider image


Esa frase en la que nos apoyamos para dar referencias sobre  la distribución de comidas, que propone “desayunar como un rey, comer  como un príncipe y cenar como un mendigo”, tiene mucho de sabiduría. Pero resulta que, siendo una frase de uso casi universal, luego sucede que no todos tenemos los mismos horarios ni hábitos. Y que además tendemos a llevar a cabo la parte que nos interesa. Obviamente las apreciaciones que siguen tiende a ser una generalización, pero responden a la observación realizada sobre muchos pacientes y durante muchos años, con lo cual es fácil que nos podamos ver reflejados en alguna de ellas.

Si nos atenemos a las recomendaciones dadas para la dieta mediterránea, el desayuno ha de suponer alrededor del 20% de las calorías diarias, la comida el 35%; la cena aportaría un 25% y  la media mañana y merienda, un 10% cada una. Si no se desayuna temprano, cabe la posibilidad de sumar el 10% de la media mañana al desayuno, que pasaría a suponer el 30% del total de las calorías diarias. Así pues, estamos de acuerdo en que la cena ha de ser significativamente menor que la comida. Sin embargo, con el desayuno tenemos cierto desajuste: sucede que para la cultura anglosajona occidental, el desayuno es alto, de modo que podemos ver en los buffets hoteleros menús a base de huevos, alubias, bacon, queso,  pan … y otros platos que para los españoles no es habitual tomar en la primera comida. Son más propios de lo que tomaríamos en la comida principal hacia las dos o tres de la tarde. Hay que tener en cuenta que para nuestros vecinos europeos, esa comida sería sin embargo un pequeño sándwich o ensalada, en lugar de los dos platos y postre españoles. Para los anglosajones la cena se sitúa en nuestra hora de merienda y no es necesariamente muy ligera. Digamos generalizando que el resto de los europeos tiende a desayunar como un rey, comer como un mendigo y cenar como un príncipe. En España tendemos a merendar (y bastante más del 10% de las calorías del día) para posponer en el tiempo una cena que no siempre es ligera, habiendo realizado la toma principal en la comida y siendo el desayuno más bien escaso, o a veces demasiado alto. Podríamos decir que comemos como reyes, cenamos como príncipes y, bien desayunamos como mendigos o repetimos en el papel de rey.

No se trata de decidir quien lo hace bien y quien lo hace mal, sino de observar cómo a veces nuestros hábitos acaban siendo una mezcla de versiones en la que termina sobrando comida y que se aleja mucho de la frase del rey, el príncipe y el mendigo.

La cuestión es qué entendemos por un desayuno “fuerte”, porque para quieres nos dedicamos a la dietética y la salud, consiste en una ración moderada de pan  o cereales, un producto lácteo, y fruta, pudiendo completarse con una pequeña ración de proteína magra o de grasa saludable como el aceite de oliva. Sin embargo, recibimos a menudo pacientes que desayunan un bocadillo de tortilla de patata, o de carne mechada  o embutido– a veces de tamaño más que grande, que se acerca más a la elección típica inglesa en el tipo de nutrientes. Es una opción que cumple con la premisa de desayuno de rey (y de un rey de gran estado), pero si uno la elige, toca comer como un príncipe, con lo que la comida de plato de cuchara más carne o pescado y si acaso luego un postre, resulta del todo excesiva, a menos que esa persona por su complexión, tamaño y trabajo tenga gasto calórico diario excepcionalmente elevado. A un desayuno como el descrito, le corresponde una comida de sopa o ensalada,   y una fruta, por ejemplo, pues en el desayuno se ha cumplido con el aporte protéico principal de carne, pescado o huevos y con gran parte del de carbohidratos si la cantidad de pan es grande. Es decir, correspondería una opción más parecida al “lunch” británico.

Y, por fin, la cena. Nuestra visión, desde la perspectiva del campo al que nos dedicamos y fruto de la experiencia de años, nos ha llevado a concluir que el gran ausente son muy a menudo los vegetales, y que se tiende a pensar que una cena es ligera por el simple hecho de que la carne o el pescado se hayan cocinado a la plancha, o porque no haya que cocinar para prepararla, o sólo por el hecho de que contenga vegetales. De este modo, en el concepto de cena ligera, para muchas personas  entran elecciones como: picoteo de jamon o embutidos  y queso con pan; plato de pasta; sándwiches diversos; carne o pescado en  tamaño de ración principal; tortilla de patatas; ensalada con  “todo” (queso, nueces, pollo, huevo y salsa); tazón de medio litro de leche con otro tanto volumen de cereales.  Desde nuestra consideración sin embargo, una cena ligera está compuesta por verduras, hortalizas, sopa y/o fruta, o bien por proteínas o hidratos de carbono en pequeña cantidad: 100 grs de embutido magro, carne o pescado; yogur, un huevo, sopa de fideos… Pudiendo asociarse ambas opciones en personas cuyo gasto por actividad lo justifique, pero siempre sin alcanzar el tamaño de ración de la comida principal.

Proponemos a quien se indentifique en los excesos que, al menos, mendigue alguna cena, o que vigile ser más príncipe que rey en las comidas.

Dra. Rosa Sánchez para Dr.luisalmagro.com.


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Ultima actualización: 19 junio 2012 @ 17:00