RAZONES DE PESO PARA NO ABRIR UNA BOLSA DE PATATAS FRITAS (IV)

Continuamos con la serie de artículos dedicados a desglosar los muchos motivos por los que determinados productos, englobados en la denominación “comida rápida” o “comida basura”, no debe pasar de ser de consumo muy ocasional. Además repasamos algunas de las pequeñas trampas de la publicidad que nos pueden llevar a comer algo distinto a lo que pensamos. Quisieramos dejar claro que no es nuestra intención demonizar las patatas fritas, simplemente nos sirven como ejemplo extrapolable a otros muchos productos de consumo similares y tan frecuentes en nuestro día a día. Hoy valoramos el calidad de las grasas que contienen.
Casi la totalidad de aperitivos salados contiene entre sus ingredientes algún tipo de aceite u otras grasas, y lógicamente en las patatas fritas es un ingrediente básico. Al margen de las calorías que puedan contener por ello, hay significativas diferencias en la calidad dependiendo del tipo de grasa que se haya utilizado en su elaboración.
De forma resumida, lo que diferencia los tipos de grasa es la proporción de ácidos grasos saturados e insaturados que la componen . Tienen un perfil más saludable aquellas grasas con mayor proporción de acidos grasos insaturados.
La grasa saturada es abundante por naturaleza en los alimentos de origen animal, como mantequilla, manteca y tocino, nata, mayonesa, grasa de la carne y aves, queso y lácteos enteros . Pero también está muy presente en dos tipos de aceites de origen vegetal: los aceites de coco y de palma. Justamente estos dos últimos son de uso muy frecuente en la elaboración industrial de aperitivos dulces y salados y bollería, básicamente por su menor coste.
Estas fuentes de grasa saturada contribuyen a elevar los niveles de colesterol en sangre, promoviendo una disminución del colesterol “bueno” (HDL) y subiendo el nivel de colesterol “malo” (LDL)
La grasa insaturada se encuentra principalmente en alimentos de origen vegetal, como aceite de oliva y semillas (girasol, maíz, soja), muchos frutos secos y, dentro de los alimentos de origen animal, en los pescados azules (sardina, boquerón, salmón,etc ). Las grasas insaturadas, llamadas “grasas buenas”, contribuyen a la reducción del colesterol en sangre, de ahí que se les considere “cardiosaludables”.
Existen además las grasas hidrogenadas, que son aceites vegetales líquidos sometidos a un proceso químico que les da consistencia sólida. Este tipo de grasas, a pesar de su origen vegetal, debido al tratamiento físico-químico que han sufrido, en nuestro organismo se comportan como “grasa mala” por el aumento en su estructura química de enlaces trans, y se emplean abundantemente, al igual que el aceite de palma, en la elaboración de aperitivos salados.
Debemos tener claro que cuando un fabricante no identifica la grasa que usa (aceite de oliva, girasol, soja, mantequilla, etc.), lo habitual es que esté utilizando una poco saludable, como la grasa saturada (aceite de palma o coco) o grasas hidrogenadas. Echando un vistazo a la etiqueta de cualquiera de los productos que tenemos en la despensa, comprobaremos que los términos “grasa vegetal” o “grasa vegetal parcialmente hidrogenada” estan presentes en la gran mayoria de productos procesados. Es al fín y al cabo “grasa mala” que a diario incorporamos en la dieta. Por ello es necesario utilizar en la medida de lo posible, productos no elaborados, y que aquellos que adquiramos estén compuestos por las grasas que hemos identificado como saludables. Así pues, es preferible seleccionar aquellos aperitivos que están elaborados con aceites de oliva, girasol, soja u otras semillas identificadas.
Desde la Clínica del Dr. Luis Almagro en Marbella, le recordamos que los niveles altos de colesterol en sangre son determinantes en el desarrollo de enfermedades como la diabetes y la arteriosclerosis.


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