Adelgazar sin esfuerzo

“Adelgazar sin esfuerzo”, “adelgazar sin pasar hambre”, “coma todo lo que quiera y adelgace”. ¿Cuántas veces habrá oído o leído estas frases?. Seguramente muchas, pués son un eslogan publicitario y una de las funciones de la publicidad es repetir una y otra vez un mensaje para crear una demanda o necesidad.

 

En este caso a fuerza de repetirlo han conseguido hacer creer que es posible perder peso sin pasar hambre, hacer ejercicio sin sudar o aprender inglés sin esfuerzo. Han conseguido que las personas demanden tratamientos de pérdida de peso sin esfuerzo. De hecho muchas de las personas que lean estas líneas, habrán introducido ese mensaje en su buscador de internet.

 

Pero, aún cuando lo busquemos, ¿creemos realmente que esto es posible?. Y si esto fuera así,  ¿por que, entonces  hay obesos o personas con sobrepeso?, porque podemos garantizar que un porcentaje elevadísimo de ellos no quieren serlo.

 

El sobrepeso o la obesidad consisten en  una elevación de los depósitos de grasa corporal por encima de los valores recomendados, e independientemente de las características genéticas y hereditarias de cada individuo, que está claro que influyen, para que los depósitos de grasa aumenten,  es necesario que durante un período de tiempo determinado el aporte de energía, generalmente procedente de los alimentos, sea superior al gasto que tenga ese individuo durante ese período de tiempo. No solo es una cuestión de gasto, sin aporte energético excesivo no hay incremento de grasa.

 

Por tanto para reducir esos depósitos tenemos que invertir los términos, gastar más que lo que aportamos, es decir obligar al organismo a utilizar sus reservas energéticas al no tener bastante con lo que ingiere. Porque,  si ingerimos tanto como necesitamos, ¿Para que vamos a utilizar las reservas?

 

Estamos habituados a comer mucho más de lo que necesitamos y además nos hemos acostumbrado a no privarnos de un capricho cada vez que nos apetece, es más tratamos de justificarlo:  “el cuerpo me pide chocolate”. Lo convertimos en una “necesidad”, pero ¿realmente lo es?. Hemos convertido en un hábito los excesos, ¿acaso es normal comprar un juguete a un niño cada vez que lo pide?. Es absolutamente necesario reconducir la situación.

 

Aquí es donde comienza el esfuerzo. Lo primero es asumir, desde un punto de vista razonable y de responsabilidad que no podemos comer lo que queramos, en la cantidad que queramos y cada vez que queramos, y que además no todos somos iguales. Algo así como que no siempre podemos gastar todo el dinero que queremos, sino en función del sueldo de cada uno, igual que no podemos ir con el coche a la velocidad que queramos:  debe haber unas normas y unos límites.

 

Si queremos cambiar la situación habrá que acostumbrar al organismo a comer habitualmente lo que realmente necesita y ocasionalmente poder darnos algún capricho o exceso. Es decir diferenciar lo habitual, de lo ocasional. Esto requiere un proceso de entrenamiento, que en la clínica Dr. Luis Almagro estamos capacitados para mostrarle, durante el cual el esfuerzo es mayor, pero pasadas un par de semanas las sensaciones son completamente diferentes y el esfuerzo se convierte en rutina.

 

 

 

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EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

 Parece una tendencia natural el pensar que si algo es bueno, mucho de ese algo será mejor. Esta es la base de un error que fundamenta buen número de los casos de exceso de peso que cada día atendemos en la Clínica de Doctor Luis Almagro. 

Un ejemplo prototípico lo constituye el aceite de oliva. Después de tener noticia en todos los medios y  fuentes de reconocido prestigio, acerca de las bondades del aceite de oliva, y más cuando vemos al chef de moda elaborando una receta en la que riega generosamente los ingredientes con un inacabable chorreón de aceite, no es de extrañar que, asomándonos a cualquier cafeteria en la hora del desayuno, podamos ver con facilidad a personas que consumen en una sola rebanada de pan el aceite que les correspondería consumir en el total de las comidas del día. Y no hablamos de perder peso, sino de lo normal para mantener un peso adecuado. Claro que otro tema del que se podría hablar largamente es el concepto de “normal”.

 Para sacarles de dudas en torno a este aspecto, deben saber que para una persona en torno a cuarenta años, que trabaje en una oficina y vaya al gimnasio tres dias por semana, la cantidad recomendada de aceite de oliva es de 3-4 cucharadas soperas en el total del día (incluyendo tostadas, ensaladas y guisos). Si esa persona tiene un trabajo de exigencia fisica o fuese un varon deportista en edad de crecimiento serian unas 5-6 cucharadas diarias. No más.

Comer más raciones de lo adecuado supone desequilibrar la variedad de alimentos del día y muy probablemente acabar consumiendo más calorias de las necesarias, con el consiguiente aumento de peso. Y esto puede pasar aunque lo que se coma de más sea, desde el punto de vista de la calidad, saludable o bueno:  pasta, fruta, legumbres, lácteos desnatados, etc.

Por otra parte, hay que tener en cuenta -como queda reflejado en los ejemplos mencionados- que, dependiendo de la edad, sexo, estatura y actividad física, va variando la cantidad necesaria de raciones, de modo que, por ejemplo, desayunar dos tostadas puede ser excesivo para una mujer de 55 años si no tiene gran actividad física, cuando sería una ración perfectamente normal para esa misma mujer cuando tenía 20 años.

El exceso de calorías consumidas respecto a lo que nuestro organismo gasta, se almacena en forma de grasa tras un proceso de transformación, aunque lo que uno haya comido en exceso no contenga grasa , porque la transformación en tejido graso es la forma más eficiente que tiene el organismo de “empaquetar” lo sobrante. Imaginemos una persona que, al cabo de un día, consume una gran cantidad de macarrones simplemente hervidos,leche desnatada, carne magra, cereales, muchas piezas de fruta… si no gasta todas las calorías que estos alimentos proporcionan, guardará el excedente en forma de grasa corporal.

La peor de las situaciones se da cuando, además,se comen raciones excesivas de alimentos poco saludables. La moda importada de Estados Unidos de las mega-raciones,( y recordemos que allí el exceso de peso afecta a la mitad de la población),  hace que el tamaño pequeño del refresco  azucarado con gas de la hamburguesería  sea  medio litro  o que la pizza tenga el  diámetro de una rueda de coche. Los alimentos poco saludables, rebautizados como “comida basura,” tienen en común el alto contenido calórico a expensas de grasas nocivas y azúcares simples, aun en raciones consideradas “normales”.

 

 

 

 

 

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